viernes, 2 de marzo de 2007

CARNE EN CONSERVA

Carne, que te quiero tersa.

Creo que fue en Videodrome, una excelente película de Ciencia Ficción con muchos elementos vinculados a la Teoría de la Conspiración dirigida allá por los años 80 por el canadiense David Cronenberg, donde se señalaba que las guerras futuras se desarrollarían casi en exclusiva en las pantallas televisivas. En nuestro país que es diferente (Spain is different) como sabemos desde las campañas promocionales del Ministerio de Información y Turismo de la época de Fraga (que por cierto ahí sigue) también en esta cuestión sentamos cátedra con alguna que otra novedad ad hoc.

A la chispeante “guerra del cava”, declarada entre catalanistas y españolistas, ha sucedido la “guerra de las hamburguesas”. El Ministerio de Sanidad ha decidido declarar la guerra a la XXL de Burger King y con ella a la “mala alimentación de los jóvenes”, “la lacra de la obesidad” y dejar claro que: “el que manda manda” y si no puede decidir que nos metemos en la panza difícilmente podrá decirse que pueda decidir sobre algo. Muy en la línea de los baqueteados ideales socialistas, todo hay que decirlo, que muy difíciles de implementar en forma de políticas de vivienda o de bienestar social (decrecientes desde hace décadas, como bien saben los ciudadanos) permiten encontrar en esta ridículas muestras de intromisión en nuestras vidas privadas, con la coartada de la sacrosanta salud, una cortina de humo que permita encubrir las consecuencias directas e indirectas de sus nada inspirados actos de gobierno. Actos que, como nuestra participación en la guerra de Afganistán o nuestras políticas monetarias y fiscales, por citar de pasada algunas cosillas, difícilmente serán considerados “avnzados” por nadie con dos dedos de frente. Aunque para evitar esto, lo de los dos dedos de frente, ya tenemos Tele Cinco, la cadena especializada en Tele Basura, o los canales oficiales (1 y 2) hoy en manos también “progresistas”.

Ni que decir tiene que Ronald Mac Donald y los chicos de Coca Cola o el Donner Kebab (los turco germanos), cuyas aportaciones a la dieta no son mejores ni peores que las de Burger King, se estarán frotando las manos por la indirecta promoción de sus subproductos. Con subproductos se fabrican: la “comida rápida” y las políticas supuestamente democráticas de los países desarrollados. No olvidarlo.

Aunque conociendo a nuestros gobernantes lo mismo la han tomado con Burger King por su nombre. Recién descubiertas sus veleidades republicanas, ocultas durante doce años de “gonzalismo”, ahora las pasean fuera del armario en cada ocasión que ven oportuna. Y a ver quien se mete con el Donner Kebab que aunque es alemán se manifiesta como “turco” y ya sabemos que eso de la Alianza de Civilizaciones, que casualmente coincide con los designios de los Estados Unidos con relación al ingreso de Turquía en la Unión Europea, es un intangible a no cuestionar.

Pero volvamos a la carne y a su uso pedagógico por nuestros gobernantes. Entre los últimos simulacros televisivos, esos diseñados para llamar la atención sobre “los problemas realmente importantes” mediante “una llamada a nuestro corazón” y despertar “pasiones éticas correctas”, el último al que he accedido es a la historia de Nadia. Nadia es afgana y se ha hecho pasar por hombre en su país mediante el expediente obligado y feroz de tener el rostro desfigurado, eso la ha permitido trabajar para mantener a sus familiares, no tener que llevar burka (lagrimitas programadas deslizaros, ahora ha llegado la hora de la justicia) y ser trasladada a España para operarse la cara a costa del erario público. Numerosas periodistas la entrevistan, eso sí colocándola cuidadosamente de espaldas al espectador. Que cada cual piense lo que quiera pero las palabras que narran la epopeya feminista de Nadia (Nadia somos todas) acompañada por imágenes de un centro comercial en Kabul, tristemente similar con las pertinentes y multiculturales diferencias de atuendos y tamaño a nuestras vigorosas y ciclópeas aportaciones patrias, resulta, cuanto menos para paladares sensibles, vomitivo y patético.

Carne a evitar, carne a reconstruir… No podía faltar la carne a proteger. Y es que la carne es débil. De un tiempo a esta parte los medios se hacen eco de todo tipo de desórdenes e incidentes en los centros escolares. Esos sitios donde se mete a los niños y adolescentes durante ocho horas al día para que sus padres puedan dedicarse a ganar pasta y pagar con ella hipotecas y plazos. Ahora resulta que no sólo nadie aprende absolutamente nada allí sino que los muchachos y muchachas son ariscos y golpean a sus “superiores”. Médicos y maestros, muy en la línea “correcta” del sacerdocio laico, van a adquirir, a efectos de las hostias, un privilegio añadido.

En el futuro habrá que construir cárceles especiales no sólo para acosadores y maltratadores de mujeres sino también para alumnos y pacientes que se rebelen o traten de agredir a sus benefactores. Otra movida autoritaria y policial difícil de tragar y de matiz carnívoro. Carnes privilegiadas.

Y a todo esto con tanta carne nos va a entrar un montón de sed aunque ya, y en el nombre del cambio climático, se van insertando propuestas para racionar el agua. Alberto “el Sangriento” (Albert Gore), un muchachote americano entrado en carnes, es vocero de esta problemática “global”. Que bien se instruye, todo hay que decirlo, mediante la alarma social…

Y no podía faltar la referencia incómoda al tema migratorio. Leo en el Teletexto que los inmigrantes han aportado un crecimiento de la renta per capita de 600 euros, más o menos, a cada español. Sería más interesante que esta cifra, netamente estadística y por ello bastante falaz, saber lo que han aportado a sus principales contratadores, tanto en el ámbito de la construcción como en los menos reconocidos de la agricultura y la prostitución. Y conocer también, por qué no, cuanto han contribuido estos no demasiado numerosos beneficiados a las arcas de nuestra Hacienda. ¿A que nunca sabremos esto?

Sebastián, el candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid, ha dicho que “aquí en España, cabemos más” y que la población puede y debe alcanzar los 66 millones de personas. Curioso cuando ese mismo partido habla de racionar el agua. O será que a más inmigrantes más lluvias… En fin palabras que se lleva el viento…

Con tanto “Progreso”que queréis que os diga, aquí no va a haber quien viva. Realidad descarnada.

1 comentario:

WaterLula Von Hooligan dijo...

Los animales están bien, pero los niños, ¡ah!, los niños son caviar