España puede ser el primer país occidental que se deconstruya a sí mismo. Stanley Payne.
Escrito por los periodistas Isabel Durán y Carlos Dávila, publicado por la editorial Temas de Hoy (Madrid, 2006) y subtitulado: La deformada memoria histórica de Zapatero, este libro constituye una exhaustiva investigación sobre el abuelo paterno del Presidente del Gobierno: el capitán Juan Rodríguez Lozano, sobre el cual se ha construido una mitografía oficial en la que, junto con otros elementos, trata de anclarse un proyecto de reconfiguración de la “memoria histórica” de los españoles (mediante la tan traída y llevada Ley del mismo nombre), con relación a los episodios de
El volumen desvela la pertenencia a una logia masónica leonesa del abuelo de José Luís Rodríguez Zapatero, así como su participación destacada, a pesar de su vocación socialista, en la represión de la insurrección asturiana del 34. Su destitución, por sospecharse su condición de agente doble, por parte del Ejército de
El provincianismo y la mediocridad de nuestro actual Presidente (a pesar, o más bien como consecuencia de su “talante” y su “internacionalismo”), manifiesta en numerosos episodios destacados en el libro que invitan a la sonrisa más que a otra cosa, es desafortunadamente característica compartida por los próceres que le precedieron en esta la máxima atribución electiva de nuestro sistema político. Ni Suárez (Transición y Alzheimer), ni González (Cambio y GAL), ni Aznar (Alternancia e “hipotecas para todos”), han sido otra cosa que figurones recortados por las falsas luces mediáticas mientras, tras las bambalinas y muchas veces de modo descarado a la luz del día, los auténticos gestores, nacionales, nacionalistas e internacionales, proseguían sus implacables juegos de poder que, man que les pese a muchos y en las condiciones de cerrilismo e ignorancia que constituyen el fondo cultural del “paisanaje”, conllevan una dirección del país (más aun tras el 11-M) hacia horizontes de servidumbre y catástrofe anunciada nada desdeñables y muy difícilmente eludibles.
Como señala acertadamente Stanley Payne en el prólogo: Lo que es especialmente siniestro en esto son los intentos del gobierno y de las izquierdas de legislar la interpretación de la historia con fines partidistas, algo que trae ciertas reminiscencias de las prácticas de los antiguos regímenes comunistas.
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