RECICLADOS
( CUENTO DE NAVIDAD
Fun, fun, fun…)
“Si no le gustan mis principios, tengo otros…”
Groucho Marx.
Nuestro mundo, en proceso incesante de desgaste y apolillamiento a pesar de las nuevas tecnologías de inmersión en lo virtual, ha sustituido las viejas categorías de la “regeneración” y de la “resurrección” por la más humana y comprensible, sobre todo para las mayorías recipiendarias de su promoción apabullante vía mass media, magia negra del reciclado. El reciclado es todo lo contrario del nacimiento, su antítesis, a pesar de su promoción frenética por los más diversos y convincentes motivos.
Una mujer colombiana de 47 años ha sido intervenida en el Hospital valenciano de
"Cuando desperté de la anestesia, me vi unas manos preciosas, muy bonitas". El optimismo difundido por los medios sobre esta intervención pionera tiene su cara oscura. Clint Hallam, receptor del primer trasplante de mano del mundo, realizado en 1998, quedó manco de nuevo en 2001 esta vez por voluntad propia. El primer año de convivencia con el nuevo miembro fue satisfactorio para Hallam pero después generó un grave rechazo físico y psicológico hacia el. "Mi cuerpo y mi mente están hartos de esta mano y ahora soy yo el que la rechaza", aseguró. Los médicos que se la habían injertado se negaron a amputársela, alegando motivos legales. Tardó tres años en encontrar a un cirujano en Londres que hiciera realidad su deseo. Suerte tuvo, todo hay que decirlo. En el clásico del cine de terror: Las manos de Orlac (1961) se le implantan, a un pianista que ha perdido la suyas en un accidente, las manos de un avieso criminal. Con las consecuencias que el lector puede muy bien imaginar.
Hay algo siniestro en todo esto que nos impulsa, a pesar de su supuesta irracionalidad (
Recuerdo la película “Soylent Green” (Cuando el destino nos alcance) donde Charlton Heston acaba descubriendo, tras una agitada y violenta investigación, que en el superpoblado y contaminado mundo en el que se desarrolla la acción de la película (2040), los seres humanos están siendo alimentados con carne humana. Eso sí cuidadosamente transmutada, RECICLADA, en galletas verdosas. Todo en secreto, claro está, como corresponde a una auténtica democracia planetaria.
Durante estas Navidades han reciclado para la televisión, ese sitio donde la realidad se conserva momificada, a Raphael. Alaska, otra reciclada de épocas paleo jurásicas quizás aunque sólo en apariencia, más recientes, también estaba allí. Hay que ver el frío que hace en los espacios donde impera el reciclamiento como procedimiento de configuración de lo real. Santa Claus (SANTA), que viene del Ártico, ha adoptado este año las actitudes de Spiderman (y de los ladrones) y trepa por las paredes de los edificios como si nada. ¿Adonde habrán ido a parar el carro y los renos? ¿Nos encontramos ante un mal augurio?
Reciclar es algo más que falsear, es convertir en farsa todo lo que se recicla. Es decir, la realidad. Con una sacrosanta justificación ecológica. Otra manera, “científica” y saludable, de practicar la mezquindad y la codicia. Ahora, claro está, en clave “planetaria” y “solidaria”. No podía ser de otra manera. Todo vuelve pero como mistificación. En el ambiente opresivo de la bota sobre la cara ad maiorem “Humanitas” gloriam. 1984 puede que pronto no sea tan sólo una novela.
Ahora se recicla la guerra en clave de humanitarismo uber alles. Los ejércitos españoles marchan al Congo, a Haití, a Afganistán y adonde haga falta, a imponer los Derechos Humanos.
Fumar ha llevado a reciclar las campañas antitabaco del Tercer Reich, convirtiendo a los sufridos fumadores en convenientes chivos expiatorios para redirigir la agresividad de las masas frustradas contra sí mismas. En esta última línea llega el regalo de Fin de Año: el atentado de ETA en Barajas. Fracasado el proyecto de reciclar
Y al fondo, en sordina, Alberto “el sangriento” (AL GORE), con sus maracas, cantando lo del Cambio Climático. ¿Qué nos deparará el mañana? ¿Qué se sacarán del armario para reciclar? La verdad: mañana.
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