Saddam
Las consecuencias de la muerte de Saddam Hussein, asesinado por unos encapuchados tras un juicio farsa auspiciado por los nuevos y legítimos (sic) gobernantes de Irak y sus marionetistas angloamericanos, son plurales y patéticas. El Cisne Negro, un portal de Internet en lengua castellana consagrado a cuestiones de Inteligencia (www.elcisnenegro.com), advierte de manera presuntamente objetiva: El tirano que dirigió durante un cuarto de siglo su país con mano de hierro, era un fermento permanente para la Resistencia y tenía secretos guardados dañinos para la familia Bush. Otras fuentes en cambio señalan que la responsabilidad sobre la decisión de la ejecución, y el apresuramiento en su realización, corresponden al gobierno actual de mayoría chií moderada enfrentado, tanto a los radicales de Al- Sadr como a las pretensiones norteamericanas de negociar con los suníes y comenzar a pensar en dejar de lado los procesos de "desbaazificación" del país impuestos, estos últimos, manu militari tras la derrota de los ejércitos iraquíes en la Segunda Guerra del Golfo. Las gentes en Irak han pasado de ver peligrar sus vidas a manos de la policía secreta del régimen depuesto a ser víctimas de acciones sistemáticas de los escuadrones de la muerte, camuflados como policías o compuestos por policías, así como ser masacrados por las acciones norteamericanas de carácter “pacificador”. Pero las consecuencias de la difusión de las imágenes tomadas antirreglamentariamente desde un teléfono móvil, por uno de los asistentes al infame y paródico acto de justicia, han producido efectos colaterales. Tan curiosos algunos, y tan predecibles otros, como los siguientes. Según The Houston Chronichle un niño de origen guatemalteco murió en Houston (Texas) cuando aparentemente trataba de imitar la ejecución del ex gobernante iraquí. Los comentarios de las “autoridades” son impagables: 1 Creemos que se trata de un accidente. Pensamos que el niño estaba experimentando. 2 Creo que tal vez este niño haya estado tratando de hacer algo que le pareció entretenido sin la madurez emocional o psicológica de pensar lo que hacía
A un nivel más filosófico, y por ello aun más patético, se han consignado las siguientes alocuciones. Una alta funcionaria británica, cuyo nombre hago mejor en no acordarme, ha aseverado: No tengo problema alguno con la ejecución de Saddam pero sí con la manera en que esto se ha convertido en un espectáculo público. No podían faltar las imbecilidades clásicas sobre “la sacralidad de la vida humana” y “la malevolencia innata de la pena de muerte”, ambas difícilmente aplicables en este caso. El juicio ha sido una farsa, una obvia ritualización de la venganza, incluyendo en ello la fecha escogida para la ejecución: el día consagrado por el Islam para la Misericordia. Mejor imposible. Difícilmente tendrá efecto disuasivo alguno en “dictador” posible futuro, tanto por su carácter individualizado como por la inadecuación del procedimiento judicial. Nos encontramos con un asesinato legal, uno más, que convierte a Saddam, que ha sabido morir como un hombre y como un buen musulmán, en un mártir. Yo me pregunto y con esto termino: ¿habrían mantenido personajes como Clinton, Bush, Olmert o Blair esta entereza en tan aciaga circunstancia? Lo dudo, pero deseo que el futuro nos permita poder acceder a esa ocasión. Yo ya estoy poniendo a enfriar el cava. Naturalmente, un buen cava catalán.
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